Archivos Mensuales: febrero 2013

Título a imaginación del lector (Creatividad nivel: ni siquiera se cómo completar esta frase)

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Mientras más alto el vuelo, más dolorosa la caída. Mientras más cariño das, más se siente la ausencia.

Es imposible no sentirse extraño cuando te falta una parte de tu vida. Es difícil sentir pasar el tiempo esperando algo que tardará en llegar. Sabiendo que la espera no será eterna, quizá la molestia no es tan grande, pero no por eso inexistente.

Quisiera poder hacer algo con el paso del tiempo. Algo a mi favor. Porque esto se siente como estar en una isla desde la cual veo pasar miles de embarcaciones, allá en la distancia, de las cuales ninguna escucha mi pedido de auxilio.

Sería mucho más difícil si la vida no me hubiese hecho una persona paciente…

Del mismo sentimiento he escrito las peores y las mejores cosas…

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La gente nos ve pasar y sus miradas se detienen en qué sabe qué cosa nuestra. 

Podemos decir que nos molesta, pero creo que en realidad nos gusta. Quizá nos hace dar cuenta de algo, no se exactamente qué.

¿Será que nos vemos bien, o mal, juntos? ¿O será que no les gustamos, o les gustamos? Algo es seguro: llamamos la atención de algunos. Algunos muchos.

Nos ven pasar y hacen que no me sienta parte del montón. Justo a mí, que me gustaba tanto el camuflaje. Justo a mí, que quizá necesitaba un poco de esto…

 

Y mientras tanto, estamos como queremos. Estamos como podemos. Así, como va surgiendo cada día, como va surgiendo cada sonrisa tuya o cada bronca mía.

Nos cuesta el para siempre pero nos duele el hasta nunca. Sabemos muy bien lo que queremos  pero nos cuesta alcanzarlo. Quizá no hemos intentado lo suficiente. Quizá todavía no podemos. 

Y aunque a veces calles, te leo como a un libro. Se que no querés algunas cosas de vuelta, así como yo no quiero otras… probablemente las mismas. Porque hemos aprendido a conocer el límite de las cosas. Es bueno no tener que aprender desde cero. Sabemos bien cómo son ciertas cosas… 

 

Cuando te encontrás con los pies sobre la tierra y cuesta más ponerse a soñar…

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Cuando era chica recuerdo irme a dormir temprano para encontrarme con mis sueños lo más rápido posible. Y no me refiero a los sueños que uno tiene mientras duerme, sino aquellos que uno sueña despierto, con toda la capacidad de la imaginación.

Recuerdo soñar con cosas que no tenía, con gente que quería, con situaciones que eran tan irreales como hermosas. Recuerdo leer mucho durante el día y soñarme en historias ajenas por las noches. Recuerdo embobarme en la escuela mirando al chico que me gustaba y soñar que me tomaba de la mano durante el recreo. Recuerdo mirar documentales turísticos y luego soñarme lejos, en alguna tierra desconocida…

Y así pasaban minutos y minutos hasta que me quedaba dormida. Quizá en ese momento también soñaba con cosas que me gustaban, pero no tanto como despierta.

No se exactamente cuándo ni cómo pasó, pero con el paso del tiempo esa capacidad de soñar despierta antes de dormir se fue debilitando hasta desaparecer. Si, desapareció por completo. Porque hoy me voy a dormir y mi cabeza se llena de quilombos, de planes para el día siguiente, de situaciones sin resolver, de vigilia…

Quizá se trata de crecer, de dejar las fantasías de lado y dejar que la realidad te invada por completo. No creo que sea tan así. No es justo que el único momento del día en que podría perderme en mi mundo deba ser ocupado por otras cuestiones que ya demasiado me atormentan el resto del tiempo.

Ahora, cada noche me acuesto con las ganas de poder soñar cosas hermosas mientras estoy dormida. Hasta que logro desprenderme de la vigilia, pienso cosas aburridas y grises. Quizá en el sueño pueda tener ese instante de felicidad anhelada…

 

Minientrada

Quizá la vida te enseñó a ser vos mismo, a mostrarte como sos sin importar lo que digan los demás. Eso es algo que yo aún no aprendo, a pesar de haber tenido ambos el mismo tiempo para lograrlo. Pero bueno, partiendo del hecho de que somos dos personas diferentes, todo lo demás no hace más que señalar que somos distintos (aunque parecidos).

Pero ese no es el punto. Si escribo estas palabras es para decirte que aprecio la manera en que me dejás ser yo misma sin juzgarme. Me gusta que tomes lo más raro de mí y lo conviertas en algo divertido, que me hagas reír de eso sin hacerme sentir mal. 

Me gusta que tengas ciertas cosas tan en claro, que no confundas ni quieras confundir. Me gusta que confíes en esto a pesar de todo. Dejame decirte que podes hacerlo. Yo tampoco confundo las cosas porque las tengo bien claras. No quiero más que esto porque es perfecto.

Gracias por aceptarme así.

De frases y otros dichos III (¨A veces, el que NO busca, encuentra…¨)

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Se dice que el que busca encuentra. Yo, por mi parte, hace unos años he cambiado esta premisa por la que titula este post: ¨A veces, el que no busca, encuentra…¨

¿Por qué? Bueno, la historia del porqué ahora se me antoja tan cursi como estúpida, por lo que no pienso mencionarla. Pero más allá de eso aún mantengo, sostengo y utilizo esta frase muy a menudo.

Sucede con lo más simple, como el hecho de convertirnos en una bola de nervios cuando no encontramos, por ejemplo, las llaves. Basta con tomarnos un minuto para abandonar la búsqueda para que las susodichas aparezcan (quizá allí donde ya habíamos buscado anteriormente…)

Sucede entonces con tantas otras cosas (materiales como inmateriales): desde ese libro que creíamos perdido hasta que el amigo que lo tenía se aparece con él disculpándose por haberlo retenido tanto tiempo, hasta esa persona que creías que jamás aparecería en tu vida porque sólo vivía en tus sueños como una mera ilusión, o ese empleo que tanto perseguiste inútilmente hasta abandonarlo y que luego aparezca de repente, casi como si se tratase de una broma.

A veces es suficiente con dejar de pensar tanto en algo para que ocurra (ahora que me leo, esto se aleja mucho de la famosa ¨Ley de atracción¨, ¿no?). No digo que las cosas están previstas para nosotros y que haya que dejar de buscarlas porque ya llegarán y, si no, es porque no tenía que ser.

Tampoco digo que no haya que perseguir lo que uno quiere… todo lo contrario. Como ya dije, no creo que las cosas lleguen a nosotros por el simple hecho de imaginarlas.

Sólo digo que hay cosas que ocurren que parecen extraordinarias. Ésas que no sabés si rotularlas como casualidades o causalidades. Ésas que no esperás que sucedan, pero terminan sucediendo. Y en el momento menos pensado.

En mi caso, mientras más me he ¨obsesionado¨ con algo, más lo he alejado de mí. Ya sea un apunte de la facultad que no encontraba, como esa persona que vivió desde el anonimato en mi cabeza por tanto tiempo. Y cuando dejé de pensar en esas cosas, fue cuando aparecieron ante mí… como de casualidad.

Es por eso que digo que, a veces, que el que no busca, encuentra…

Amar en mi generación.

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Muchas de las personas de mi generación (veinti-tantos años) somos hijos del divorcio, de los padres enemistados y de las nuevas parejas de mamá o papá. Somos testigos de modelos de matrimonios fallidos y de rencores y broncas sin resolución…

…Pero a su vez, somos nietos de matrimonios ¨perfectos¨, tan pacíficos como eternos. Somos testigos del amor de nuestros abuelos, y nos hallamos entonces en medio de una incógnita existencial: ¿Por qué unos sí y otros no?

Por un lado el amor incondicional, ese que comenzó durante la juventud de el abuelo X y la abuela Y, y que duró tanto como la vida de alguno de los dos lo permitió.

Por el otro ese amor que, por menos duradero, no menos verdadero. Ese que un buen día dijo ¨Hasta acá llegamos¨ y ¨Veamos qué hacemos con los chicos¨. Y bajo esta atmósfera de divorcio colectivo, posterior a una de idilio marital, nacimos nosotros. Y así crecimos…

Apuesto a que no soy la única con la fantasía utópica de amar eternamente (?) como los abuelos… pero con la libertad (¿Mal aprovechada?) de la generación de los papás.

Porque a no creer que ese amor ideal de antaño era tan natural. No señor. Hoy día recibo el consejo de una de mis abuelas diciéndome que ¨a los hombres ciertas cosas no se les cuenta¨. Antes sería que las señoras se escabullían el vuelto de las compras para comprarse alguna cosita a escondidas del marido (que no por estar ausente en la casa no se daría cuenta, a ver…), hoy es un ¨No le digas a tu novio que te dijeron algo en la calle, a ver si se enoja¨.

Quisiera hacerles entender a las abuelas (no sólo a las mías) que las cosas han cambiado un poco. Se que lo saben, pero sería imposible borrarles el ¨con tu abuelo nos amamos de verdad porque nos amamos toda la vida¨. Me da pena decirles que eternidad no es fidelidad. Y mucho menos felicidad. En fin…

Y por el otro lado, la mal aprovechada libertad, como ya dije antes. Esa oportunidad de que la mujer no dependa del hombre para hacer lo que quiere (la mujer sale a trabajar), y esa oportunidad del hombre de no depender de la mujer para vivir en su casa (quehaceres domésticos).

Soy partidaria de esto último, claro. Pero se ve que mantener el equilibrio entre independencia y convivencia (si es que son esos los dos factores) es complicado. No culpo ni juzgo a nadie. Aún vivo bajo el techo materno por lo que no soy quién para opinar acerca del tema. Pero es notorio e indiscutible el hecho de que el amor, mejor dicho, los amantes, han cambiado de una generación a otra.

A ver qué hacemos nosotros, que parecemos tan temerosos de la palabra matrimonio/compromiso pero en nuestro interior, casi en secreto, anhelamos ese amor eterno que parece no existir sin algunas condiciones que nos asustan un poco.

Porque uno comienza a dudar acerca del amor verdadero con la condición de eterno, pero sueña a su vez con que no sea eso que vemos únicamente en películas o novelas con finales felices…