Archivos Mensuales: marzo 2013

Flashbacks.

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Extrañar cosas que no volverán, pero con la ilusión de que todo puede pasar…

Sentarme a pensar recuerdos en sepia y sin sonido, conformados por una secuencia de imágenes que pasan frente a mis ojos a toda velocidad, sin darme tiempo para apreciarlas. Como si mi memoria se burlase de mí y no me dejase revivir momentos. Como si me impulsase a salir en busca de ellos (desafiando mi cobardía y mi sentido poco común)

Podría recurrir a canciones, a lugares, a fotografías. Podría reavivar mi memoria, pero no para hacerme daño, sino para sonreír con nostalgia. Quien sabe…

No escucho tus palabras porque me pierdo en la música de tu voz…

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Por un momento olvido todo lo malo que vive en mi cabeza y sonrío. Me basta con escuchar tu risa contagiosa o dejarme ir con el sonido de tu voz (aunque a veces tan solo me dedique a escucharte como si hablases una melodía, perdiéndome así el contenido de tu conversación incesante).

Es por eso que no sabés (no, no sabés) cuánto aprecio cada momento a tu lado, como si se tratase de una medicina que debo tomar en pequeñas dosis. Porque sé que todo exceso es malo, y porque aunque se trate de una cura el tratamiento parece indicar que la mesura es imprescindible en todo esto.

Es como una adicción que no quiero abandonar. Porque, por primera vez, es algo no letal. Porque su único efecto es brindarme una felicidad inmensa. Y, cuando no la tengo, me pongo tan ansiosa como si esperase el mismísimo final del mundo…

Voy a intentar hablarles…

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Bien, ahora que soy más o menos consciente de quién me lee, voy a apelar directamente a ustedes, lectores. Aquí vamos…

La cosa es que siento que no estoy yendo a ninguna parte. No hablo de logros/acciones independientes como ir a la facultad, trabajar cada día de la semana, tener una relación de pareja con una persona excepcional (en varios sentidos), hacerme un hueco cada día para refugiarme en el arte, y muchos otros etcéteras. Hablo de todo esto en conjunto. O sea, hablo de mi vida.

En su momento más de uno habrá pensado que todo esto se debía  a alguna clase de crisis desatada por mi infinitud de tiempo al pedo (entiéndase como vacaciones de la facultad + desempleo + inminente depresión -aunque esto último no se tomó muy en cuenta- en fin…) Ahora que tengo cada minuto del día ocupado, ahora que me duermo ni bien apoyo la cabeza en la almohada sin tener tiempo para ¨pensar en pavadas¨, ahora que me siento útil… es cuando más miedo tengo.

Bueno… quizá miedo no sea la palabra. Es más bien esa sensación de que estoy haciendo todo lo que hago al pedo. Es el pensamiento recurrente de ¨Para qué hacer cosas que al final no van a servir para nada¨. Porque si hay algo que me molesta es esforzarme al pedo. Dar mi mayor esfuerzo a algo que resultará obsoleto.

Es por eso que a veces siento envidia de los que creen en dios, de los que tienen la convicción de que, luego de esta vida, algo más los espera. Una vida mejor, nueva. La eternidad. Y entonces intentan vivir de la mejor manera, atesorando recuerdos para llevárselos consigo siempre (con todo lo que la palabra implica).

¿Y yo qué? Yo elijo sentarme del otro lado de la vida, viendo a la gente pasar y sintiendo pena por aquellos que se creen eternos, deseando que realmente así fuese. Como para sentir que no vivo al pedo, digo… como para saber que mis esfuerzos servirán para algo más que el presente pasajero…

Gracias por leerme.

Estamos de pasada; estamos de paseo…

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Estamos de pasada, de paseo. Estamos por un tiempo y luego no. Somos finitos y el giro de cada uno de nuestros días es impredecible.

Hoy me dijo mi abuela: ¨Todo lo que tenemos es prestado, porque después no te llevás nada¨. Yo creo que ni siquiera es prestado. Pienso que las cosas son nuestras por un tiempo, llegamos a poseerlas, a convertirlas en propias, pero luego hemos de dejarlas donde las hallamos (sin devolvérselas a nadie).

Lo peor de todo es que a veces creemos que por estar acá debemos privarnos de ciertas cosas, cuando en realidad la conciencia de sabernos perecederos debería darnos ansias de animarnos a más…

…Dudamos a la hora de decir ciertas cosas, pensamos demasiado antes de actuar, cuando más de una vez lo que deseamos no es algo que haga mal a nadie. El temor, la mirada ajena, pueden ser realmente condicionantes.

Si más de una vez nos arrepentimos al poco tiempo de haber/no haber hecho algo, no quiero imaginar el día en que nuestras vidas hayan pasado, y arrepentirnos de todas aquellas cosas que no hicimos, de todas aquellas oportunidades que dejamos pasar, de todos esos momentos que no supimos aprovechar.

A todo esto, la indecisión continúa…

Instante.

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Fue un simple abrazo que duró menos que un estornudo, pero que me dejó temblando de pies a cabeza. Fue algo tan extraño como predecible. Algo que no me atrevo a repetir. Algo que prefiero dejar guardado en mi memoria como un buen recuerdo, y en mi piel como una huella extraña.

Realmente sentí escalofríos. Aunque no me hubiese gustado, como en otras ocasiones, inmortalizar aquel momento; detener el tiempo. No. Fue bueno mientras duró. Fue suficiente para saber, para realzar sensaciones, sentimientos…

Esto nunca cesó.

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Esto nunca cesó. Quizá se ocultó en alguna parte por algún tiempo, pero siempre permaneció cerca mío. Porque cuando creía que todo había acabado, ese sentimiento volvió con toda su intensidad. Como si durante su ocultamiento hubiese recargado energías. 

Será que aprovechó cuando me dí vuelta para saltar encima mío como una ola aplastante de desesperación. Será que quizá, haga lo que haga nunca será suficiente para dejar esto de lado.

Entonces no se qué tengo que hacer. Y lo peor es que me acusan de no vivir en la realidad… cuando es esta alta dosis de la misma lo que me hace sentir así. 

Sinceramente, no se si quiero permanecer…