Ella.

Entró a los tropezones al vagón del subte y se sentó en el poco espacio que había entre una señora gorda y un tipo muy tatuado. Intentó abrir un libro pero la incomodidad espacial se lo impedía. Y como no quería molestar a nadie, decidió echar su cabeza hacia atrás y cerrar los ojos para descansar la vista.

Se dejó llevar por el sonido monocorde del transporte y pensó en él. Sus recuerdos vagaron hasta llegar al día en que se conocieron. Recordó cómo desde el principio había sabido que las cosas serían diferentes a su lado. Ni mejores ni peores… Diferentes.

Trató de sonreír pero no pudo. Abrió los ojos para darse cuenta que estaban colmados de lágrimas. Disimuladamente miró al resto de los pasajeros y notó que la estaban mirando. 

Un par de ojos azules como los de ella. Una mirada sorprendida, curiosa. Una mirada que la persiguió el resto de los siguientes días incluso en sus sueños. Una mirada que ansiaría volver a encontrar el resto de la semana, hasta el sábado siguiente, cuando volvió a verla a la misma hora, en el mismo lugar…

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