Así se siente.

No siento al futuro más allá de lo que vendrá dentro del minuto que sigue a continuación. No conozco nada que me haga apoyar los pies en el suelo cada día más allá de la mismísima inercia de las responsabilidad. Nada me impresiona o todo me conmueve demasiado. Depende del día; depende del momento. Todo se ha vuelto monótono e impreciso. Mi existencia se siente vacía. Me invaden ataques de tos o de llanto. Depende del momento; depende del día.

Puedo decir que lo tengo todo y a la vez tengo nada. Puedo decir que tengo miles de puertas abiertas delante de mis ojos, pero no logro decidir cuál atravesar. Se que el tiempo corre pero no me da miedo, aunque a veces evoco cierta canción de Freddy Mercury cuando siento que no quiero morir pero a veces deseo nunca haber nacido.  No existe cosa que no me aterre, incluso aquellas que parecen nobles y hermosas (esas, quizá, son las que más me asustan).

No hay cosa que desee más cada día que un abrazo silencioso. No hay nada que me calme más que estar en los brazos de alguien. A veces ni me importa en los de quién; tan solo quiero sentirme a salvo.  Un abrazo que no tenga porqués ni hastacuandos. Un abrazo que me abrigue en invierno y me sofoque en verano. Eso, una caricia y un beso en la frente.  Un ¨Todo va a estar bien¨,  aunque sepamos que no es así. Un momento de tranquilidad que dure tanto como se me antoje. Aunque no lo suficiente como para que comience a disgustarme.

Cada vez son menos cosas las que me sacan de este estado. Hoy son dos, mañana seguro sea una. Sólo espero que lo suficientemente fuerte como para sostenerme tambaleante…

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Noche.

Acá, encerrada entre las cuatro paredes de mi habitación, no sabría distinguir entre el día y la noche si no fuese por la hora que marca el reloj de mi computadora, o el de mi celular.

Se que es de noche porque mi persona se ha acostumbrado a ciertas situaciones, sonidos, olores, que me sitúan en este momento del día.

Pero también se que es de noche porque mis pensamientos vagan más que nunca. Y porque te extraño. Ambas cosas logran arrancarme sonrisas nostálgicas y me hacen escribir pensamientos tan confusos como mi existencia misma.

Se que es de noche porque te extraño y no estás conmigo…

La desconocida.

Era una mujer que se mostraba a medias. Apenas decía lo que pensaba, apenas se hacía notar, apenas vivía.

Guardaba sus sentimientos más profundos en el lugar mas recóndito de su mente, como encerrados bajo llave. Nadie sabía lo que le sucedía cuando la veían llorar en cualquier parte; nadie sabía nunca qué hacer, qué decir. 

Sólo dos personas conocían todo acerca de ella, Dos personas con las que ella sentía compartir algo más que su día a día. Dos personas que, sin saberlo, eran guardianas de un tercio de su alma cada una. 

Dos personas en las que ella se veía reflejada, dos personas que habían vivido mucho como ella, manifestándose de maneras poco convencionales. Las dos personas menos prejuiciosas que ella había conocido jamás. 

La desconocida disfrutaba tanto estar con estas dos personas que hasta lograba olvidarse de todo aquello que la aquejaba. Y si bien estando con ellos se sentía excluida de todo y de todos, amaba esa situación, al igual que los otros dos lo hacían. 

No le resultaba difícil hablar de ciertas cosas con ellos. No le costaba pedirles que la acompañen en situaciones clandestinas, así como tampoco le costaba mostrar su lado clandestino de manera íntegra.

La desconocida había conocido a estas dos personas en momentos claves de su vida, en momentos en los que todos deciden borrarse del radio de uno para volver a acercarse luego de la tormenta. Y aunque la desconocida había elegido aislarse por su cuenta en su mundillo oscuro y caprichoso, había decidido dejar entrar a dos rayos de luz para que le mostrasen un poco de claridad compartida, entendida por pocos…

La espera.

La ola polar nos hizo salir de nuestras casas con demasiada ropa puesta. Camperas cerradas hasta el cuello, bufandas, guantes. Nada era suficiente, el frío penetraba hasta los bolsillos de mis pantalones. 

Una esquina popular bañada apenas con la luz del Sol era el refugio ideal de nosotros, los que esperábamos. Todos apiñados al amparo del frío Obelisco, confundíamos la calidez del astro rey con la de los cuerpos amontonados.

Y yo esperaba. Cada tanto miraba hacia atrás y tenía ganas de estar adentro de uno de los tantos coches que apenas avanzaban en la larga fila que poblaba la Nueve de Julio. Pero luego sentía el helado viento en mi cara y por alguna extraña razón aquello me gustaba. Me hacía sentir fuera de toda obligación.

El frío me azotaba sin piedad, agrietando apenas la piel de mis manos y secando mis ojos. Despeinando mi cabello y haciéndome adoptar una postura encorvada. Nadie se veía extraño por dar pequeños saltitos en su lugar en un intento de entrar en calor. 

La espera duró poco. Y cuando llegaste, el frío desapareció.

Desconcierto.

Es un día extraño en la ciudad.

En pleno invierno, nos sorprende un clima casi primaveral que nos hace quitarnos los abrigos y tomar algún helado yendo de paso a alguna parte. 

Y yo sonrío. Sonrío tanto que me preguntan qué me pasa.

Debe ser el día, debe ser esa combinación de cosas imprevistas que, tomándome por sorpresa, lejos de molestarme me pintan una sonrisa idiota en la cara.

Hoy es un día bien extraño…

About us.

Ya nos conocimos.

Ya cruzamos miradas.

Ya hablamos.

Ya nos caímos bien.

Ya nos descubrimos.

Ya nos parecimos.

Ya nos complementamos.

Ya nos entendimos.

Ya nos extrañamos.

Ya nos perdimos.

Ya nos reencontramos.

Ya nos reímos.

Ya lloramos.

Ya hablamos… y demasiado.

Ya confesamos.

Ya nos callamos.

 

¿Y ahora…?

 

Recuerdos perdidos y encontrados.

Puede que ya haya escrito acerca de esto, pero me es inevitable repetir cosas cuando hay sensaciones que creía olvidadas volviendo a sucederme…

Una canción sonando luego de tanto tiempo en silencio, un camino recorrido luego de tanto tiempo desierto, un reencuentro luego de tanta distancia, un abrazo envolvente luego de tanta soledad…

…Y todo esto sucediendo al mismo tiempo, convirtiendo al momento en una especie de Deja Vu  hecho realidad, todo aquello produciendo sensaciones idénticas a las primeras, sin importar el tiempo que haya pasado entre un momento y el otro.