Archivos Mensuales: septiembre 2013

Sin sentido.

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No entiendo la actitud de algunas personas. Me molesta esa gente que de un día para el otro cambia radicalmente para con uno. No lo entiendo y he de decir que me duele un poco, esto de la indiferencia repentina, de la distancia sin razón, de los diálogos cortantes.

Porque a veces más que el silencio duelen las palabras cotidianas pronunciadas con otro tono. O ese acercamiento/alejamiento provocado por cuestiones ajenas a la relación en sí entre dos personas.

Porque hay incluso quienes se acercan o alejan de alguien dependiendo del estado en que se encuentre la otra persona. Gente que se acerca a alguien cuando está mal y se aleja cuando esa persona está bien. 

Podría decir que es la historia de mi vida, a pesar de mi corta edad. Es como si atrajese a esa clase de gente sin querer. Y quizá sea por eso que en más de una ocasión me haya regodeado en el malestar para estar cerca de todos (o para que todos estén cerca de mí).

Sinceramente, prefiero darme cuenta de quienes valen realmente la pena y se bancan verme feliz a pesar de todo.

Sin palabras.

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Sin palabras desde el comienzo. Silencios que para nada resultan incómodos, porque la comunicación existe más allá del habla. Momentos de quietud en los que se dice más que nunca tan solo con miradas. Casi de manera telepática, o como si de una afinidad inmensa se tratase.

Porque a veces el silencio compartido es lo único que hace falta para saber comprender…

Días de lluvia (quinta parte)

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Lluvia de septiembre, que se despide del invierno para darle paso a una primavera tan precoz como esperada. Lluvia que pasó de ser simplemente hermosa para volverse cargada de significado y sentimientos. 

Truenos y relámpagos amenazadores que no hacen más que eso: amagar un ataque que en brazos de alguien más deja de asustar. Sonidos que me despiertan de la agonía y me devuelven a la vida. Rugidos de la naturaleza que amedrentan mis miedos. 

Lluvia encantadora que me mantiene expectante como si estuviese frente a la pantalla del cine, esperando algo imprevisto, aún imaginando lo que está por llegar…

Vida.

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Pensar que me había desenamorado de vos. Pensar que quería separarnos para siempre. Y pensar que en el transcurso de una noche quise volver a estar con vos hasta que esto dure.

Ahora tengo ganas de disfrutarte, de que me des tiempo de lograr todo aquello que alguna vez soñé para luego tratar de olvidar. Quiero hacer que mis sueños dejen de ser eso: fantasías que pueden llegar a realizarse. Porque nada de lo que quiero es imposible, todo está a mi alcance (quizá un poco lejos, o un poco más cerca).

Ahora cada amanecer tiene un mismo color pero que se tiñe de diferentes matices según mi humor. Y cada noche las estrellas parecen más brillantes que la noche anterior. Cada sonrisa me vale más que nunca, y cada lágrima me parece más fácil de secar.

Porque por un instante creí que todo finalmente acabaría, pero en la cuasi-agonía supe que no quería que fuese así. Me bastó con escuchar una voz confiada pero a la vez desesperada para sentirla como un llamado a una segunda oportunidad. Me bastó con un beso para volver a creer que el amor puede lograr muchas cosas. Me bastó con creer perderte para no dejarme ir nunca más…

Dicen que todo lo malo tiene algo bueno y que todo lo bueno tiene algo malo y así lo creo,  porque en medio del horror existió un momento de ¨loca cordura¨ que me dijo: Todavía no; aún te queda mucho…

En el tren.

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Viajaban en mi mismo vagón dos parejas. Una de ancianos y la otra de adolescentes.

Me detuve a observar en primer lugar a la de ancianos, ya que la otra apareció minutos más tarde. Ambos iban de pie, ella con una mano en el hombro del hombre, el cual se la sujetaba con una de sus manos. La mujer era bastante más alta que él, y a pesar de sus edades, ambos lucían rejuvenecidos. Sus posturas no era las de ancianos encorvados y cansados, sino las de personas relajadas y activas. A verlos me sentí feliz por ellos.

A los pocos minutos de partir el tren, entró al vagón la pareja de jóvenes. Tanto el chico como la chica tendrían alrededor de unos diecisiete años. Se la pasaban besándose, enroscados en un abrazo que no tenía ni principio ni fin. Cada tanto ella miraba a quienes tenía a su alrededor, yo incluída, como un animal cuando come y vigila su alimento con toda la celosía del mundo. Veía en los ojos de ambos la sorpresa de quien descubre algo que todo el mundo ya conoce por su propia cuenta.

Cada tanto los ancianos observaban a los chicos y viceversa. Yo los observaba a los cuatro. Me sentí vieja por un lado y tan joven por el otro…

Retrato I

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Esperanza se despierta cada día con el sonido de las garras de su gato rascando la puerta de la habitación. Ha aprendido a confiar en él para comenzar su día exactamente a las seis y media de la mañana. 

Es un calurosísimo amanecer de verano, y con el fino camisón de seda la mujer se incorpora en su cama y se despega la tela que ha quedado adherida a su espalda a causa de la transpiración. Esperanza llama a su gato con un choque de palmas y el animal acude a su regazo. Ella le rasca la cabeza hasta despertarse por completo.

Esperanza es una mujer solitaria, que a sus veinticinco años ha sufrido tantas decepciones amorosas que dice estar mejor en la plenitud de su libertad de soltera. Cada tanto comparte su lecho con algún hombre aleatorio, a veces también con alguna mujer… pero jamás incursionando en la vida de la persona que tiene al lado por algunas horas, antes de despedirla para siempre con un ¨La pasé muy bien anoche¨, y un café amargo a modo de agradecimiento.

Esperanza confía en que esta forma de vida la protegerá para siempre del dolor y la felicidad que el amor puedan llegar a causar en ella. Pero bien sabe, en el fondo de sus pensamientos, que hay ciertas cosas que uno no puede controlar. Cosas que suceden solas en el momento en que tienen que ocurrir…