Días.

Varios.

Muchos.

Demasiados.

Eternos.

Confusos.

Inciertos.

Caducas.

Perennes (!)

Memorables.

Boludos.

Maravillosos.

Principiantes.

Expertos.

Tiernos.

Ásperos.

Tuyos.

Míos.

Nuestros.

De nadie.

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“Francina y el mar: Historia breve” (Se solicita colaboración del lector para continuar)

Madrugada. Francina está parada en la orilla del mar (en la costa de Necochea, en la zona de acantilados, donde las olas rompen con demasiada fuerza). Su pelo está suelto y alborotado por el viento, su vestido corto color azul se levanta, pero la desnudez de sus piernas está cubierta por unas medias de nylon negras rasgadas casi en su totalidad. Detrás de ella, sobre una enorme roca prominente, la mochila de Francina y un buzo negro.

Francina, con la vista fija en el horizonte, sumida bajo el efecto de algún estupefaciente, da unos pasos a la derecha, luego unos más hacia a izquierda. Avanza un poco y una ola helada rompe a la altura de sus rodillas. Francina tirita y se envuelve en un abrazo, pero permanece en el mismo sitio. La arena y el vaivén del oleaje comienzan a enterrar sus pies en el suelo.

De repente, Francina desentierra sus pies de la arena y vacila al dar unos pasos hacia adelante, hipnotizada por las olas metálicas que comienzan a ser iluminadas por el amanecer. Detrás de Francina, sobre las rocas del acantilado, aparece un anciano pescador que se queda observándola inmóvil. Francina se agacha y acaricia el agua, se pone de pie y vuelve a avanzar. El agua lame el borde de su vestido. Francina sonríe y el hombre detrás de ella le pega un grito de advertencia.

– Francina continúa avanzando hacia el mar.

– Francina se detiene y vuelve sobre sus pasos.

La historia continuará ante la primer respuesta que elija una de las dos opciones de arriba.

Almas rodantes.

Almas rodantes. Almas que alguna vez, en algún tiempo y lugar lejanos se encontraron por primera vez y nunca más lograron separarse, en ninguna de las vidas posteriores que les tocó vivir. Almas gemelas que erróneamente suelen ligarse a las relaciones de amantes, de pareja. Almas amigas, almas animales, almas abuelas, almas amigas, almas pasajeras, almas intensas. Almas que encuentran y que se reencuentran. Almas que conviven y se saben una sola. Almas separadas que sufren por la distancia pero sonríen por la eternidad sabida.

Escena 3.

El color de la sangre, la aspereza de un trozo de papel de lija, las ideas abandónicas por un instante abandonadas.  La prisa. La amnesia condenada al inconsciente caprichoso. La risa. O mejor una sonrisa quieta, para no despertar al llanto dormido.

Las partes del todo.

Una vez, creo que estábamos en una pizzería, te pregunté qué pensabas acerca de las parejas de viejitos (o ni siquiera viejitos… de adultos) que salen a comer y no se dirigen la palabra en ningún momento. Vos me dijiste que eso era porque ninguno de ellos era interesante en su individualidad como persona. Me dijiste también algo así como que las personas interesantes siempre tendrán de qué hablar,  y yo te di a razón. Me puse a pensar en cómo una pareja cuyos miembros no son interesantes como individualidades sobrevive tanto tiempo… y claro, todo es consecuencia de la maldita costumbre: No obliga pero ata.

Aniversario.

Otro aniversario de este blog. El segundo o el tercero..? No lo sé.

Gracias a los lectores anónimos que leen mis ataques catárticos cuando se les canta, porque la realidad es que no muchas personas tienen conocimiento de este sitio, y no me interesa que sea de otra manera.

Seguiré escribiendo lo que pienso, lo que siento, lo que me pasa, porque acá no molesto a nadie, y porque esta es mi manera de manifestarme de la formas más pura que conozco: la escritura desatada.

De aquí en adelante: Pura Vida.

Ciudad- baúl.

Desde que me independicé y me vine a vivir a Capital hace ya dos años, la ciudad se ha convertido en un baúl en el que no hago mas que cargar recuerdos. Tengo esquinas emblemáticas donde esperé a personas inolvidables por primera vez, colectivos que me llevaron a casas de las que nunca me hubiera gustado irme, veredas inundadas de lluvia en las que fui feliz al inundarme las zapatillas al pisar una baldosa floja sin querer. Tengo plazas cuyo pasto siempre será el más verde del mundo, y el mas suave al contacto de mis piernas en verano, edificios que refugiaron un abrazo que duró toda una noche, y tormentas que me llevaron a un estado de felicidad indescriptible.

Esta ciudad- baúl no hace mas que hincharse e hincharse de recuerdos, y en día en que no quepa ni uno mas pienso cerrarlo, ponerle ruedas y llevármelo conmigo a donde quiera que vaya, pese lo que pese.