Archivos Mensuales: junio 2015

De nuevo (no tiene nada)

Estándar

Hace días que no escribo, que no hay palabras para todo esto. O sí las hay, pero ya han sido escritas hace un tiempo atrás. No se si vale la pena repetir, volver, re-volver y revolver.

De nuevo, esto de nuevo no tiene nada. Ya han sido arrancadas las malas hierbas, pero como bien dicen, será que realmente nunca mueren. Y peor, probablemente han crecido con más fuerza. Y cuando se supone que uno sabe a lo que se enfrenta, no se tiene la fuerza y se vuelve a caer. Porque la abstinencia bien lograda no deja de ser eso: la represión del impulso, de la adicción, de aquello que “está mal”.

Y me vuelve el pensamiento contradictorio de que cada uno hace de su culo un pito, para hacer de mí lo que se me canta, pero para preocuparme por alguien más cuando está actuando tan errante como yo.

En el grupo de autoayuda al que nadie me invitó.

Estándar

Hola. Soy Belén. Me autosaboteo cuando las cosas me empiezan a salir un poco bien. Te lo advierto: soy, como se dice vulgarmente, un pijazo. Y en cuanto intentes disuadirme de serlo todo puede terminar demasiado mal. Hiero fuerte. Me hiero, porque si me hacés bien sería incapaz de hacerte daño. No directamente. Tendencias autodestructivas, a montones (aunque uno siempre tiene una predilecta, claro), y mi estabilidad vital-emocional es tan inconstante que ni yo la controlo.

Tengo un tatuaje de un pulpo en el hombro izquierdo, y va a estar ahí hasta el fin de mis días. Es un reflejo de lo que soy, mas un poco de historia, vivencias… pasado, presente y seguramente futuro. Porque uno se hace de una manera, pero también se nace de otra. Luego lo sobrelleva como puede, porque cambiarlo… difícil.

Interrumpo la escritura debido a impulsos a satisfacer. Voy a tomarme un café.

Cortar.

Estándar

Cortar con lo malo. Cortar desde lo literal en el momento indicado, y no con metáforas de la piel. Porque lo que duele en verdad no es la herida autoinfligida, sino lo que hay detrás de la misma, bien adentro de uno, donde no se accede con incisiones sino con la expulsión del veneno a través de la acción.

Hay hábitos que no se quitan de manera sencilla: se llevan siempre a mano, al alcance del impulso.

Silencios.

Estándar

No decir. Que nadie sepa. Secretos, secretos, secretos. Así por muchos años.

Callarse la boca. O más fácil: mirar hacia otro lado. Todo como si nada. Todo como si todo, en realidad.

Gritar enmudecida. Golpear puertas. Romper cosas. Romperse. Y sangrar.

Y hoy de nuevo, como siempre frente a cada adversidad inventada. Leeme la mente porque pienso con letras enormes y mi caligrafía siempre fue la mejor de la clase. Porque si no, adiós comunicación. Adiós yo.