2016.

Estándar

Cada fin de año digo que va a ser el último balance que escriba porque se me da por pensar que son estúpidos y un tanto egocéntricos. Digo, no a todo el mundo le interesa saber cómo me fue en estos 365 días que pasaron; pero después pienso que al que no le interese simplemente que no lea. Después de todo, escribir este tipo de cosas está en mi esencia y hace años que vengo haciéndolo.

Si tengo que ponerle una nota del 1 al 10, pongo un 7,5. Apenas aprobado, y un poquito más. No es un ocho por cuestiones personales, no es un diez por cuestiones de personas cercanas a las que amo y cuyas vidas me afectan tanto como a ellas mismas.

Por mi parte, en líneas generales no difirió al año pasado, o al anterior. Rutinariamente, digo, porque fuera de eso me han sucedido una mudanza (y el apostar de nuevo a muchas cosas), y el cambio de empleo, el corte tan ansiado a un ambiente que no me estaba haciendo bien. También empecé a tomar clases de teatro, y al poco tiempo dejé. Me arrepiento, si, pero descubrí que me gustó y que intentaría retomar de nuevo.

También me anoté en la facultad, para volver a la vida universitaria el año que viene. Supongo que eso va a volver a estabilizarme la líbido para ponerla donde corresponde, y no en cosas irrelevantes.

También vi sufrir a mucha gente, a un par por amor, a otras también por amor, pero no de esa clase. Descubrí que canalizo los sentimientos ajenos, pero supongo que es una “cualidad” de cancerianos. Como sea, me afecta mucho sentir por los demás.

Me alejé (físicamente) de una persona, pero me acerqué más de otras maneras. Descubrí el pasaje de amistad a mejor amistad, y es una de las mejores cosas que me dejó este año: constatar que la presencia física no determina la calidad de una relación.

Pude quitarme un poco el peso de la mirada ajena, y poder salir a la calle vestida con lo que se me canta, así como decir lo que pienso sin intentar agradar todo el tiempo.

Mantuve charlas muy intensas, en un noventa por ciento poco alegres pero no por eso malas. Reafirmé varias ideas y me replanteé otras más.

Mucha gente me dijo que la tengo clara. Mi madre me repitió varias veces que soy muy indecisa. Dí más abrazos que en toda mi vida, y con ellos supe abrigar y que me abriguen.

Me sentí muy sola estando más acompañada que nunca. Miré mucho hacia atrás pero esta vez con otra mirada.

El amor tomó formas que no tenía bien definidas. Y eso sin dudas es lo mejor que me pasó.

Hablé de mis miedos y me enojé sin motivos.

 

Pero por sobre todas las cosas, me aclaré.

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